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Comenzaba el tiempo de lluvia. Sin notarlo las visitas se volvían más constantes en los últimos días.
Acostumbraba a cruzar el barrio Madera buscando prolongar el camino, mientras, había creado un ejercicio inconsciente de dejar la mente en blanco. Pero ese día, en que dejaba arrastrarse por sus pasos, sintió una pesadez extraordinaria que terminó con la concentración en el no pensamiento. Hacia algún tiempo que no sentía esa sensación, también había pasado tiempo desde la última vez que algo le dolió enserio.
La opresión que lo invadió le hizo desear con todo el alma terminar de cruzar el oscuro barrio, sin embargo, a medida que agilizaba sus pasos estos parecían hacer más larga la callejuela de adoquín.
Ya con miedo, obligaba a su mente a ponerse en blanco, a no pensar, pero por el contrarío los sentidos se volvían más agudos.
Percibió entonces el aroma a tierra mojada interrumpido por la perdida del equilibrio provocado por una insignificante roca que lo arrojó a la orilla de la acera, hasta caer en un charco de agua que terminó de mojar su pantalón negro, entonces se dio cuenta que aquella pesadez era producto de la lluvia en sus zapatos y que el miedo que sintió era tan razonable como el tonto juego de dejar la mente sin pensamientos.
Tiempo después recordaría aquel momento sintiendo escalofríos por lo que había provocado en él: el preludio de lo que acontecería al termino de su camino.

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