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La última hora antes de la media noche comenzaba a agonizar cuando Matías dejó escurrir entre sus dedos el cuerpo de Julia, la tomó con el amor que a nadie había mostrado, a fuera todo dormía, el viento caliente terminaba enfriando las espaldas que se habían juntado en un mismo cuerpo, fundiéndose en cada gota, con cada caricia, el sofocar de ambos se precipitaba en un agradable y violento placer; en el cielo, el ritmo de los cirros se movían al vaivén de las sábanas desteñidas que se dejaban caer por la orilla de la cama hasta el suelo de mosaicos blancos.
El fantasma de Matías recogía ese momento con tanto anhelo que se aferraba a dejar pasarlo, era algo que pocas veces regresaba a la memoria, pero que estuvo siempre presente, él era el único capaz de diferenciar los gritos de ventura y desdicha en Julia, de locura y sexo, de amor y muerte, sus gemidos se parecían tanto en una circunstancia o en otra.
Para ella, sin embargo, era la manera de arrancarse el aroma que impregnaba su alma, el olor del hombre que esperó toda una vida y que se había ido en un santiamén, dejándola con la fragilidad que Matías percibió al momento de apropiarse de su cuerpo, penetrando entre sus piernas, bebiéndosela toda, pensando que jamás sería más dichoso, y Julia sabiendo que luego de Antonio nada sería peor en su vida, tampoco mejor, lo demás era inercia.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me encanta la nueva imagen de tu blog y lo de Julia es una excelente continuación :D

Bruja!