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Podía desaparecer y nadie se daría cuenta, caminar hasta la punta de la escollera que comunicaba con el puerto y bajar entre las rocas para dejarse caer en el fondo del mar, mientras las olas que ahí eran más altas destrozaban su humanidad, comprimiendo su cuerpo que poco a poco quedaría sin oxigeno, ni siquiera con un gramo de aire para luchar por el último aliento. Varias embarcaciones cruzaban por esta zona pero era seguro que la corriente lo llevaría mar adentro y podría convertirse en alimento de peces hasta desaparecer. Nadie se daría cuenta, aún encontrando su cadáver tardarían en reclamarlo o en encontrar a su familia o algún amigo, sus vecinos desconocían su nombre apenas lo veían al salir o llegar a su casa, los golpes dejarían su rostro y figura irreconocibles a lo mejor el proceso sería tardado para dar tiempo a llegar a la fosa común, lo que resultaría lo mismo que terminar en las aguas del mar y ser destrozado por el impacto de las olas contra las rocas.
No tenía miedo había soñado varias veces que lo hacía, que él mismo se empujaba y seguro de su muerte despertaba del sueño para dormir tranquilamente esperando que la ilusión de cada noche se cumpliera, como quien espera algo que le es de urgencia. Solo había alguien que detenía el deseo suicida, paradigma contradictorio porque era la misma persona que alentaba el deseo de morir.
Julia era la razón para caer al mar, tomar litros de alcohol hasta perder el conocimiento y caminar todas las noches sin rumbo, como si hubiera tragado toda el agua del mundo y cayera perdido en un abismo. Antes había sido motivo de alegría, como la vez en que la besó al limite de las escolleras en donde cada noche soñaba en quitarse la vida, ahora era puro sufrimiento.
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