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Al despertar tenía la costumbre recorrer con la mano su cabello, el color castaño daba la impresión de ser una extensión de los reflejos del sol que entraba por las rendijas de las pesadas cortinas verdes, después metía sus dedos entre los suyos que eran delgados y largos, la soltaba hasta que no podía más y tenía que levantarese para ir al baño, en ese momento ella siempre despertaba, con sus mejillas siempre rojas que poco a poco se palidecían hasta quedar casi blancas, al medio día sus labios eran rojos, sólo cuando el clima se enfriaba sus cabellos ya no parecían sol, sus mejillas permanecían rojas durante todo el día y sus labios se llenaban de grietas. El frío no le gustaba mucho, nació y creció en un lugar caliente y le parecía insoportable. Sus ojos expresaban todo su existir, poco hablaba porque todo lo decía con la mirada, con esos ojos enormes a los que las pupilas siempre se dilataban y que era sumamente difícil atinar de que colores eran, aceitunados a veces (¿de color marrón, miel o simplemente claros), siempre brillantes y con cierta alegría sin importar las circunstancias, sólo en invierno se enfriaban un poco. Julia era delgada, su nariz parecía un lápiz con punta recién sacada, su ojos parecían ser profundos por la abundancia de sus cejas, el mentón era cruzado por una línea vertical, su rostro parecía impecable de no ser por los orificios que se le formaban cada vez que sus labios se deformaban por una curva, un lunar era evidente sobre su labio, justo en la comisura de la boca se veía el pequeño punto que parecía más una de sus pecas, fue ese diminuto punto lo que llamó la atención de Matías cuando le dio los buenos días al sentarse junto a ella en la butaca que se ubicaba al final del pasillo del autobús en el que ella viajaba de regreso a casa de sus padres vencida por el mundo, como le advirtió su hermana Isabel que pasaría si partía de casa. Su familia tenía una riqueza moderada, varias propiedades que se habían acrecentado con la ayuda de la administración de su hermano Marcos, pero ella no quería la comodidad y por eso se fue a estudiar fuera con la idea de conquistar todo lo que se le pusiera en frente y habría sido sencillo de no ser que, acostumbrada a los lujos, le costó mucho no confiar en las personas ciegamente, como le pasó con Matías cuando este le pidió permiso para pasar al asiento desocupado del lado de la ventanilla, desde ese momento se le presentó como un libro abierto, estaba muy nerviosa por regresar después de cinco años de ausencia a pedir ser aceptada de nuevo en su hogar, algo que no tendría problema de no ser por su orgullo, que superaba por mucho la fragilidad que aparentaba, después de unas cuantas horas se durmió y el movimiento del viaje hizo que su cuello se recargara sobre el hombro de él, después el sueño, quizá consiente, posó su mano de dedos largos y delgados en su pecho, él estaba incomodo pero se rehusó a despertarla contemplando el pequeño lunar que comenzaba en la comisura de sus labios, en sus brazos se sintió protegida después de su derrota, pero ahora sabe que fue un momento que nunca tuvo que suceder.
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