-¿A qué se dedica usted?- Atinó a decir para darse cuenta inmediatamente que la pregunta había sido formal y que las formalidades ya no tenían sentido cuándo había hablado con él por más de dos horas. Aún así, por cortesía, Hugo le respondió que había intentado estudiar medicina pero que había fracasado y que ahora se iniciaba en una carrera en Leyes. Hasta ese momento la conversación tomaba un poco de sentido. Julia preguntó por su edad, desde que se sentó junto a ella en el último asiento del autobús lo imaginó como alguien un poco más grande, al menos de su edad, eso le llamó un poco más la atención hacía Hugo, que contestó con una sonrisa diciendo casi de inmediato -22 años-, su mirada profunda, su cabello rubio perfectamente recortado y sus cejas marcadas le daban rasgos de una persona mayor y la forma en la que diría sus palabras también, de no ser por el gesto que hacía su sonrisa jamás le hubiera creído, de ahí la conversación se centró en él y ella admirada escuchaba cada palabra de lo que decía, casi siempre sus enunciados eran respuestas a sus preguntas, algunas que llegaban a ser incomodas, hasta que se hizo el silencio; fue cuándo le preguntó por qué viajaba hacía Yucatán, ahí su rostro perdió todo gesto y la única lectura que podía hacerse del ser humano se encontraba en la mirada, una mirada profunda que suponía que el motivo de aquel largo viaje no eran del todo satisfactorias, que causaba incluso dolor o desesperación. Voy a buscar al amor de mi vida, le soltó después del silencio sepulcral. Julia entendería después lo que ese rostro sin gestos le trataba de decir y entendió aún mejor la mirada de Hugo.
16
Julia inició la conversación por inercia y Hugo había prestado atención solo por cortesía, las primeras palabras que cruzaban tenían un matiz de indiferencia solo imperceptibles por el subconsciente de cada uno de ellos. El tipo le había parecido muy común hasta que notó que no había declinado a una conversación que llevaba hacía ningún lado, no sabía que en realidad mantenía su pensamiento en cosas más importantes para él y que, al mismo tiempo, no eran más o menos triviales que el escuchar los detalles de las las 16 horas que ella había permanecido cautiva en ese autos viajando de Guanajuato a la Ciudad de México para poder llegar a Yucatán, tampoco de los mil 600 escalones que ella diariamente caminaba de su casa al trabajo cruzando entre las callejuelas empedradas de la vieja ciudad. Reflexionó entonces que tenía que ofrecer algo más que las quejas por la mala suerte del conductor que ofreciendo disculpas a los pasajeros porque el camión se había averiado y no había sitio cercano para poder, al menos, estirar un poco las piernas. Comenzó entonces por una pregunta, que le daría píe para saber que destino podía tomar su conversación.
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